Las puertas del sueño
1-7-2008
Presentimientos, de Clara Sánchez. Madrid : Alfaguara, 2008. 390 p. ISBN 978-84-204-7352-9.
A veces se relaciona la calidad literaria con un estilo inextricable, períodos eternos, hipotaxis para dar y vender, o una simple acumulación asindética de imágenes supuestamente poéticas. Afortunadamente, hay grandes autores que consiguen comunicar sus mundos personalísimos con un estilo simple y depurado, narrando con precisión y sencillez. Verdaderamente, cuando hay cosas que contar, las veleidades estilísticas deben quedar en segundo plano.
Y esto lo consigue la novelista manchega Clara Sánchez desde hace ya varias novelas (como mínimo desde que comenzó a publicar en Alfaguara con Desde el mirador, 1996). Hay algo que sirve de nexo de unión a todos sus libros, y que la define como una autora muy personal, y es la mirada inquietante sobre los objetos y los personajes más cotidianos.
En Presentimientos esta mirada se lleva al límite, al quedar la protagonista, Julia, en un estado próximo al coma tras sufrir un accidente de tráfico en el pueblo costero al que va a pasar el verano con su marido Félix y su bebé de seis meses, Tito. A partir del momento del accidente (momento, por cierto, difícil de definir con precisión, ya que la transición de la realidad al sueño se hace de una manera muy sutil en las primeras páginas de la novela) Julia vivirá unas delirantes aventuras en busca incansable de algo que no sabe muy bien lo que es, pero que acabará reuniéndola con su familia, y al mismo tiempo, despertándola. Paralelamente, la narración de Félix en el mundo real, originará diálogos y aclarará situaciones vividas por ambos que tendrán su exacto reflejo en el desventurado sueño de Julia.
La maestría de Clara Sánchez se demuestra aquí tanto en la progresión hacia el absurdo del relato onírico, como en la manera en que cada elemento del mundo real se corresponderá con elementos del sueño y se mezclarán de una manera extrañamente precisa, hasta el punto de lograr aclarar un robo de joyas acaecido en la realidad. La impecable construcción obliga también que apenas quede ningún cabo suelto en la trama, todos los personajes, por secundarios que parezcan, cumplirán su función y quedarán resueltos de alguna manera. Si algún reproche se debería hacer a la mano maestra de Sánchez podría ser lo estereotípico del personaje de Marcus, permisible como personaje de sueño, pero no como personaje real, descuido menor que por otro lado conecta esta última novela con sus primeros escarceos novelísticos (concretamente con la torpe pero entrañable Piedras preciosas, 1989).
En definitiva, una novela de construcción impecable, muy personal, pero de lectura asequible para cualquier tipo de lector. A mi modo de ver, la mejor novela de su autora junto a la magistral Últimas noticias del paraíso (2000).
P.S.: Tirón de orejas para la editorial tanto por la imagen de la cubierta, francamente carrinclona, como por el desastroso vídeo promocional colgado en YouTube y en la web de la compañía. ¡Cuánto daño puede hacer una mala promoción!